En tiempos normales —sin pandemia— los establecimientos de educación básica y media y los de educación de adultos que funcionan como escuelas de reingreso educativo hacemos una labor clave para asegurar el derecho a la educación de niños, niñas y jóvenes que han sido excluidos del sistema escolar o presentan un alto rezago. Y desarrollamos esa delicada tarea de recuperación de talento sin contar con una modalidad educativa reconocida y, por lo mismo, sin un sistema de financiamiento ad hoc.

La pandemia provocada por el #COVID19 ha sido compleja en todos los ámbitos. La crisis sanitaria ha generado una serie de inconvenientes, provocando en muchos casos inestabilidad en la salud mental de las personas.

El parlamentario por la región de Valparaíso, pidió a la autoridad de salud regional “extremar las medidas de manera urgente”, ante el último reporte que denota un alza en casos positivos y un nuevo fallecido durante las últimas horas en la zona.

¿Eran más de 100 mil o más de 200 mil los niños, niñas y jóvenes excluidos de la educación en Chile? Hace poco más de un año esta pregunta copó titulares y pantallas de noticieros, cuando presentamos el estudio “Del Dicho al Derecho: Modelo de Estándares de Calidad para Escuelas de Reingreso”. Hoy el Ministerio de Educación ha cifrado la exclusión educativa en 187.000 niños, niñas y jóvenes de entre 6 y 21 años.

¿Cómo pedirle a una madre, a la que le pagan por día, que se quede en casa? ¿Cómo exigirle a un adulto mayor que vende golosinas para suplementar sus escuálidos ingresos que guarde cuarentena?