En estas Fiestas Patrias, a pesar de la pandemia y del confinamiento, las familias festejaron en sus casas con asados, empanadas y choripán, entre otras de las típicas preparaciones de la gastronomía nacional, lo que —sumado a una posible ingesta de alcohol en fin de semana largo— probablemente desencadenó una importante alza de peso. ¿Qué hacemos ahora para bajar?

El 2021 se viene complejo. Mientras no exista una vacuna que permita proteger del coronavirus a las poblaciones más vulnerables, las medidas de protección personal serán imprescindibles para preservar la salud y evitar muertes. Muchas medidas son por todos conocidas: lavado frecuente de manos con agua y jabón o con alcohol gel; uso de mascarilla; escudos faciales, protectores de ropa, calzado y guantes plásticos, entre otros, particularmente en residencias.

La pandemia provocada por el #COVID19 ha sido compleja en todos los ámbitos. La crisis sanitaria ha generado una serie de inconvenientes, provocando en muchos casos inestabilidad en la salud mental de las personas.

En tiempos normales —sin pandemia— los establecimientos de educación básica y media y los de educación de adultos que funcionan como escuelas de reingreso educativo hacemos una labor clave para asegurar el derecho a la educación de niños, niñas y jóvenes que han sido excluidos del sistema escolar o presentan un alto rezago. Y desarrollamos esa delicada tarea de recuperación de talento sin contar con una modalidad educativa reconocida y, por lo mismo, sin un sistema de financiamiento ad hoc.

¿Eran más de 100 mil o más de 200 mil los niños, niñas y jóvenes excluidos de la educación en Chile? Hace poco más de un año esta pregunta copó titulares y pantallas de noticieros, cuando presentamos el estudio “Del Dicho al Derecho: Modelo de Estándares de Calidad para Escuelas de Reingreso”. Hoy el Ministerio de Educación ha cifrado la exclusión educativa en 187.000 niños, niñas y jóvenes de entre 6 y 21 años.